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Besalú 7 y 8 oct. 2017

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LIBROS

Antología poética - Libros

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Antología poética
  • George Herbert (autor)
    Santiago Sanz (traducción)
    Misael Ruiz Albarracín (traducción)
  • 156 p.
  • castellano, english

Antología bilingüe, traducida, anotada y prologada por Misael Ruiz Albarracín y Santiago Sanz. Es, la primera edición de Herbert en castellano, que recoge los poemas que, a juicio de los antólogos, establecen un diálogo estrecho con la tradición poética contemporánea. Los poemas son, más que testimonio, confesión íntima, confidencia sentida, y si su acento nos toca hondo es porque propenden a la emoción. Hablan al corazón sin desdeñar el pensamiento, pero no son en absoluto sentimentales; no podrían serlo, teniendo como tienen su origen en una morosa meditación sobre Dios, la vida y la muerte.

George Herbert (1593-1633) es un poeta de los llamados en inglés «devocionales». Cierto que hay otros en el período en que él escribe, pero su tono, reverencial en ocasiones, es tan profundamente intimista que, más allá de toda loa divina, lo que revela es un drama personal que sólo es suyo. Suyo y de nadie más es su acercamiento agónico a Cristo, pero su poesía nos hace partícipes, cómplices, de su lucha. Sus poemas son, más que testimonio, confesión íntima, confidencia sentida, y si su acento nos toca hondo es porque propenden a la emoción. Hablan al corazón sin desdeñar el pensamiento, pero no son en absoluto sentimentales; no podrían serlo, teniendo como tienen su origen en una morosa meditación sobre Dios, la vida y la muerte.

Herbert involucra al lector, lo compromete, no sólo por la belleza de sus imágenes y metáforas, o por la estrecha armonía entre sentido, forma e imagen, sino sobre todo por la sinceridad que informa su poesía y, en última instancia, porque la suya es poesía amorosa de primer orden. Que sea Dios el objeto de sus desvelos no invalida este último extremo; antes bien, lo realza a ojos del poeta. Sinceridad, esa cualidad tan elusiva como intuitivamente perceptible, y amor son, acaso, el tuétano de la poesía de Herbert.

Se suele incluir a Herbert en la nómina de los llamados poetas metafísicos y, sin embargo, no hay quizá ninguno tan «físico» como él. La mirada de Herbert sobre las cosas no es en absoluto intelectual. Su poesía es la menos intelectiva de un siglo, el XVII, rendido a los encantos de la especulación. Herbert observa las cosas, los enseres domésticos, la naturaleza, con una delicadeza asombrosa, pero no para sublimarlos en conceptos. Ahí radica el secreto de su aparente sencillez. Aparente, pero engañosa, pues siempre hay en sus versos más de lo que enuncian. La rosa, sin dejar de serlo, queda trascendida. Los poemas de Herbert son difíciles, enigmáticos incluso, porque van más allá de lo que muestran en su superficie. Desentrañarlos puede resultar una tarea apasionante para el lector y que poco o nada tiene que ver con la erudición.

Los poemas de George Herbert son el testimonio de alguien que ha vivido su vida poética sin concesiones al engaño y al lugar común, soslayando el artificio de quien confunde lo que siente con lo que desea sentir, lo genuino con lo falso, algo especialmente difícil de evitar en el terreno de la poesía religiosa.

Es una poesía compacta, concisa y densa que no revela sus secretos tras una primera lectura. Pero su sencillez no es meramente verbal, sino un modo trabajado de ser, una depuración espiritual que constituye el núcleo fundamental de unos poemas que han hecho de su obra una presencia constante en la conciencia poética colectiva de los lectores ingleses. La presente edición, la primera de Herbert en español, recoge aquellos poemas que, a juicio de los antólogos, establecen un diálogo más estrecho con la tradición poética contemporánea.